miércoles

110. Las barcas de Muxía

En "50 lugares mágicos de Galicia" le dedico un amplio capítulo al santuario de Nosa Señora da Barca, de Muxía. Cuando se editó el libro, por razones de espacio, no pudieron entrar todas las fotos, por ese motivo añado en este blog algunas imágenes más y otros comentarios que completan la información del libro.
Este santuario forma parte de la tradición jacobea, ya que aquí dice la tradición que la virgen se le apareció al apóstol Santiago, cuando aún en vida predicaba en estas tierras. Según la leyenda que sustenta este relato, la madre de Jesús vino en una barca de piedra y algunas de las partes aún quedan -siempre según la creencia- entre el mar y el santuario. 
Son estas:


La vela


Es la más grande de todas y se conoce como "Pedra de abalar". Su nombre viene de que antiguamente se movía a veces, por lo que se utilizaba como una ordalia, o juicio de Dios. Se colocaba a la persona dudosa, un reo por ejemplo, y solo si la piedra se movía podía probar su inocencia. Hace años que no se mueve, ya que el mar la sacó de su emplazamiento. Cuando visitamos la última vez el santuario, un trozo de la piedra (se ve que le falta en la foto) estaba en atrio de la iglesia.



La quilla

Es la "Pedra dos Cadrís", que protagoniza un rito por el que hay que pasar por debajo un número impar de veces para librarse de los males del riñón y de la espalda. Hay gente que ve en esta piedra la vela y en la anterior la estructura del barco, pero la original es al revés.





El timón

Un poco más alejado de las otras dos partes está el que la tradición llama el "timón", una piedra en forma de bota que recuerda esta parte de la barca








Las otras barcas

 En el interior de la iglesia hay numerosas maquetas de barcos, que hacen honor al nombre del santuario. Algunos son barcos pesqueros, donados por devotos, mientras que otros son barcos militares, como una maqueta del Juan Sebastián de Elcano (buque escuela de la Armada española)o incluso un submarino. Según nos explicó el párroco, algunos son ofrendas, mientras que otros son simples donaciones de maquetistas.

sábado

109. San Andrés de Teixido, ataúdes y otras ofrendas


Vista desde el atrio e iglesia
Siempre es un placer volver a San Andrés de Teixido, uno de los lugares más mágicos de Galicia. En mi libro le dedico un extenso capítulo al que posiblemente sea uno de los santuarios más tradicionales de la geografía gallega. Además, en el entorno está uno de los mejores paisajes de Galicia y es un lugar increíble en cuanto a belleza natural y tranquilidad. Fue una buena oportunidad para sacar nuevas fotos, para visitar los amilladoiros, ver la “barca de San Andrés”, la fuente a la que dice la tradición que se le puede preguntar si la petición al santo se cumplirá y ver cómo aún se mantiene viva la tradición de las figuras de pan y las “herbas de namorar”. Pero, sobre todo, recordar la frase inmortal que define a este inigualable santuario: “A San Andrés de Teixido, vai de morto quen non foi de vivo”, que justifica la creencia de que los pequeños animalitos que te encuentras en el camino, incluso las piedras, podrían llevar dentro el alma de quien debe hacer este periplo después de fallecido. La leyenda que justifica esta creencia asegura que Jesús pasó un día por aquí y se encontró con San Andrés. El apóstol se quejó de que a este lugar de la Serra da Capelada nadie peregrinaba, todos los cristianos iban a Compostela, pero pocos se acercaban a este lugar tan apartado. Entonces su maestro le dijo que al menos una vez en la vida todas las personas deberían peregrinar a este lugar al norte de Galicia. Si así no lo hicieren, deberían visitar el santuario después de muertos.



Qué más ver



Ofrendas en las escaleras, antes del altar
Una visita a la iglesia puede dar una idea de la importancia de este enclave, al que visitan miles de personas cada año. Sobre las escaleras que preceden al altar se encuentran una buena muestra de los exvotos que los devotos del santo han dejado como muestra de promesas cumplidas. Además de las ofrendas clásicas, como velas, flores y muñecos de cera, encontramos otras menos habituales, como maquetas de casas y barcos, una “L” de algún devoto que obtuvo el carné de conducir, el diploma de un estudiante que acabó la carrera de ingeniería; fotografías, pulseras y otros objetos personales  de los creyentes que se encomendaron a San Andrés; una gorra de la Armada y, algo que ya casi no se ve en los santuarios cristianos, cartas y mensajes escrito de puño y letra del ofrecido, en el que incluso destacan la fecha de la petición y la que se cumplió. 



Los ataúdes como ofrenda



Pequeño ataúd colgado en la pared.
Hay también exvotos de cera con la forma de partes del cuerpo, velas, pero el que más llama la atención se encuentra en la zona del Evangelio de la iglesia (entrando a la izquierda). Colgado cerca del altar, casi a la altura del techo, hay un pequeño féretro blanco, en el que apenas cabría un bebé, y que tiene una historia. “Ese ataúd es de una niña que estaba en peligro de muerte, una niña que tuvo una meningitis, y le hicieron la ofrenda de que si la niña no moría, si se salvaba por un milagro de Dios y San Andrés de Teixido, había que traer la pequeña caja para aquí”, explicó el vicario del santuario, Antonio Rúa. “Y aún vive y viene todos los años para recordar que estuvo con un pie aquí y otro allá, y que gracias a San Andrés de Teixido se salvó”, añadió el vicario.
Los ataúdes de personas que se salvaron de la muerte tras una petición al santo de la Serra da Capelada llegaron a ser tantos que, en una época, cubrían las paredes de la iglesia. Así lo recuerda Antonio Rúa: “Había muchos ataúdes en la iglesia, no hace mucho que se quemaron los últimos restos que estaban debajo de la cripta. Parece ser que coincidiendo con la visita pastoral de un obispo los mandaron retirar, porque era un espectáculo “macabro”. Estaban puestos contra la pared. Pero para la gente que peregrinaba aquí no era macabro, sino que recordaba que San Andrés era abogoso contra la muerte inminente, contra accidentes, operaciones peligrosas en el quirófano y esas cosas”.



Las reliquias de San Andrés

Antonio Rúa y el relicario de San Andrés.

En un lugar tan famoso donde se venera la figura del apóstol San Andrés, el segundo destino de peregrinación más importante (después de Santiago), no podían faltar las reliquias de este santo. Así como en Compostela están enterrados los restos de Santiago (según la tradición), en el santuario de Teixido se encuentra un trozo de hueso, que está ubicado en un relicario con la imagen del santo y que se guarda en el propio altar de la iglesia. Así lo contaba el vicario: “[El relicario] está cubierto de unas hojas de pan de oro y las carnaciones están cubiertas de plata. Dentro tiene una teca y la reliquia es una falange de un dedo. Parece ser que la trajeron los Caballero de Malta”. Según explicó Antonio Rúa, los fieles pasan la reliquia del santo por la zona afectada, con el fin de curarse.

Puedes escucharme hablando de San Andrés de Teixido en el programa A Tarde, de la Radio Galega, abriendo este enlace: http://www.crtvg.es/rg/destacados/a-san-andres-de-teixido-vai-de-morto-quen-non-foi-de-vivo


En el Camino de San Andrés de Teixido puedes ver:

100. Santa Margarida, la fuente doblemente milagrosa


martes

108. Santa Eulalia de Lubre, el rito de roer los clavos

Visitamos la iglesia de Santa Eulalia de Lubre, ubicado en el municipio de Ares, en la comarca ferrolana. Se trata de una iglesia románica, datada en el siglo XV, con un atrio cubierto en la entrada principal y una torre con campanario. Todo el templo recuerda a las iglesias fortificadas, ya que no solo debió cumplir una función piadosa, sino también defensiva.
Pero mucho antes de la construcción de esta iglesia, el entorno debió ser un lugar sagrado. Y es que la palabra “Lubre” hace referencia a un bosque o un lugar sagrado para los celtas.

El rito
En torno a esta iglesia se celebraba un rito curioso, que tenía como protagonistas a los clavos de la puerta principal. Así, los devotos ofrecidos debían dar vuelta a la iglesia varias veces, especialmente un número impar de vueltas, y por cada una pararse en la puerta del templo. Allí debía buscar un clavo que sobresaliese de la madera y, con los dientes, roerlo varias veces.
Los amantes del arte antiguo encontrarán en Lubre una iglesia austera, pero de gran antigüedad, de un estilo entre el Gótico tardío o de transición al Renacimiento, prácticamente único en Galicia. Históricamente hablando, el templo está en la relación de edificios sacros que Alfonso II mandó construir al abad Tructinio en el 830. En el interior se conserva una lápida sepulcral con escudos de armas de Calatrava. 
Además, en este templo se refugiaban antiguamente los delincuentes huidos de la justicia, que gozaban de inmunidad en su interior.

Cerca de aquí puedes ver:
100. Santa Margarida, la fuente doblemente milagrosa