jueves, octubre 04, 2018

103. Valencia do Sil, las costureras convertidas en piedra

Las tres piedras de cuarzo, desde la carretera N-120
Desde la carretera nacional 120, que atraviesa la comarca de Valdeorras, se pueden ver tres piedras blancas sobre Valencia do Sil. Están situadas en el lugar conocido como O Castro, en la parte alta del pueblo. Y destacan especialmente porque son de cuarzo, cuando la mayoría de las piedras del entorno son negras, de pizarra. Las tres rocas son, según la leyenda, tres pastoras o tres costureras, que se atrevieron a desafiar a grandes señores que, como castigo, las convirtieron en piedra.
Este relato es uno de los clásicos, ya que se encuentra en el libro “Las leyendas tradicionales gallegas”, de Leandro Carré Alvarellos.
Par conocer la localización exacta y saber de primera mano cómo es el relato, que ha llegado a nuestros días a través de la tradición oral, preguntamos a todo un experto en la historia, la arqueología y la naturaleza de la comarca de Valdeorras: José Fernández Pérez. Este hombre, que posee un museo etnográfico y de minerales en su propia casa, recogió esta leyenda de boca de una vecina de Valencia do Sil, que contaba entonces con 100 años de edad.
“El caballero Roldán iba persiguiendo a un venado herido por la ladera del monte, por la zona de Vilanuide”, comienza narrando José Fernández Pérez, y prosigue: “Había tres pastoras con ovejas y Roldán las vio tan hermosas que quiso cautivarlas, pero ellas no quisieron. A cambio le pidieron un imposible, que en el pueblo de ellas, Puxades (que era muy seco y en la actualidad no existe), tuviese agua”. “Si eres capaz de traer agua a nuestro pueblo, nosotros nos sacrificamos y marchamos contigo”, le dijeron las pastoras al caballero.
“Aquella noche, el caballero Roldán cogió su espada y cortó un canal. Al día siguiente pasaba agua abundante por al lado de las casas y la gente del pueblo comenzó a gritar: 'Neniñas de Puxades, venid a beber agua del río Xares'”.
Al darse cuenta del prodigio, las tres mozas dijeron: “Estamos perdidas. Él cumplió la palabra y nosotras tenemos que cumplirla también”. Entonces decidieron escapar. “Corrieron por la ladera del río Sil hacia arriba, tenían que pasar del otro lado del río para huir de Roldán y un barquero las ayudó a atravesar el cauce. Llegaron a la otra orilla y subieron por O Castro”, continúa narrando Fernández Pérez.
José Fernández Pérez, en su casa de Vilamartín de Valdeorras
“Roldán llegó al pueblo y no las encontró. Montó en su caballo y fue detrás de ellas. A la altura del Campo de San Roque se encontró con unos peregrinos, que les dijeron que las habían visto en San Miguel de Outeiro cuando llamaban por el barquero”.
“El caballero puso la espada junto al río, se abrieron las aguas y pasó en seco con su caballo. Cuando llegó arriba, se encontró que las tres mozas estaban escondidas debajo de una roca negra, de pizarra, y tomó su espada en la mano y dijo: 'por no cumplir lo que prometisteis, quedáis hechizadas, convertidas en tres piedras blancas', piedras que aun se pueden ver hoy en día.
Y la impronta de Roldán no quedó solo en ese encantamiento. La leyenda recuerda otros prodigios: “Subió a una piedra con su caballo, que entonces era también de pizarra y ahora no, y dio un salto de alrededor de un kilómetro, llegando a Pedrasaez, no concello de A Rúa, y dejó las pisadas del corcel marcadas en la roca”.

Roldán y su espada prodigiosa
El caballero Roldán es protagonista de multitud de leyendas, especialmente en el norte de la Península Ibérica. La historia lo sitúa como uno de los doce pares de Francia, sobrino de Carlomagno y protagonista de numerosas batallas contra los musulmanes. Precisamente murió en una contienda en Roncesvalles, en el año778. Pero las leyendas enaltecen su figura y le hacen protagonista de innumerables prodigios. Por ejemplo, de la apertura del paso de los Pirineos conocido como la Brecha de Roldán, que el caballero abrió con su espada. Y es que Durandarte, así se llamaba su arma preferida, estaba “cargada” con varias reliquias de santos, lo que la hacía tremendamente poderosa. Así, tenía un diente de San Pedro, sangre de San Basilio, cabellos de San Dionisio y un trozo de manto de Santa María. La espada de Roldán, coprotagonista de esta historia, habría sido lanzada al lago de Carucedo, según una leyenda, lago que no queda demasiado lejos de Valdeorras.

La versión de Carré Alvarellos
Como suele ocurrir en numerosas leyendas, hay versiones para todos los gustos. La que recoge el escritor coruñés tiene también como protagonista al caballero Roldán, aunque en este caso el personaje viene a salvar a tres princesas, que estaban presas de los “mouros”. Como sus tropas no podían cruzar el Sil, el caballero dio un enorme salto con su caballo para cruzar el río. Pero antes de que pudiera rescatar a las princesas, las convirtieron en las piedras que hoy se pueden ver en O Castro. El autor coruñés relata esta historia, tras oírla de boca de un anciano de O Barco, que a su vez la había escuchado en un cantar de feria.
Asimismo, según nos indicó José Fernández Pérez, hay distintas versiones de esta leyenda en localidades próximas, como Quiroga y O Bolo. A veces son costureras, otras princesas y en ocasiones pastoras. Pero a veces, solo a veces, las leyendas parecen esconder hechos reales. Así nos lo indicaba José Fernández Pérez: “la leyenda habla de pisadas de caballo en la roca, y en Valencia hay petroglifos de la edad de Bronce. Y en donde se habría posado el caballo, en Pedrasaez, también. Donde están las tres mozas convertidas en piedras blancas hay un castro. Sabemos que los castrexos adoraban a la naturaleza. La simbología de las piedras blancas y nobles, en terrenos en donde nos las hay, que todas son negras, llaman la atención y son dignas de devoción. Puxades, el pueblo de las costureras, tiene un castro también y hay un canal de agua de minería, que viene desde 20 o 30 kilómetros, de la época romana. La leyenda también habla de peregrinos, o sea que el camino de invierno no es una invención de la actualidad, sino que los peregrinos pasaban por aquí desde mucho antes de la Edad Media”.

Se pueden ver desde aquí: 


viernes, noviembre 17, 2017

102. San Marcos, donde el demonio engañó al santo

Visitamos el entorno del Monte do Gozo, lugar emblemático para los peregrinos que se dirigen a Santiago por el Camino Francés. Este enclave debe su nombre a la alegría de los viajeros que se dirigían a la ciudad y veían desde allí, por primera vez, la urbe y la catedral.
Nuestra visita está dirigida a un austero templo dedicado a San Marcos y que tiene sus orígenes en un antiguo oratorio para los peregrinos dedicado a la Santa Cruz, hasta el que se realizaba una procesión el día de San Marcos, allá por el año 1100. En todo caso, la capilla que se puede ver hoy en día es fruto de una importante remodelación que se realizó con motivo del año santo de 1965.
Pero la presencia de este templo en la recta final del camino de Santiago y su construcción por una leyenda.
Dicen que el propio San Marcos estaba realizando el camino a Compostela, cuando le rebasó un peregrino que llevaba en su cayado numerosas sandalias usadas. Comenzó a contarle al santo los numerosos lugares que conoció en su peregrinaje desde Alemania. Viendo sus conocimientos, San Marcos le preguntó si faltaba mucho para llegar a Santiago, a lo que el extraño contestó que estaba tan lejos, que haría falta gastar otras tantas sandalias como las que llevaba para llegar a destino. El santo, desanimado, desistió de su peregrinación y, antes de regresar por donde había venido, construyó la ermita que se encuentra en el lugar. 
Ofrendas de piedras y otros objetos junto al monumento
El extraño acompañante, no es necesario afirmarlo, era el mismísimo demonio, que logró confundir a San Marcos y hacerlo desistir de su viaje cuando solo faltaban cinco kilómetros. Antes de regresar, el santo habría construido el pequeño templo, con la puerta hacia el Este, contrariamente a las de su época. De todos modos, en la cara Oeste existe una entrada tapiada.
En otras versiones, el peregrino no era el maligno, sino un aventajado que quería llegar primero a este enclave, ya que el que divisase primero la ciudad era considerado “rey” del grupo.

“Humilladero”
En este entorno se cree que estuvo situado un gran “humilladero” o “milladoiro”, lugar donde los peregrinos depositaban una piedra. Se cree que tenía una gran cruz en la cima y la ofrenda permitía a los caminantes lograr cien días de perdón.
Desde 1993 existe en el entorno un monumento de acero y piedra en el que numerosos peregrinos depositan calzado y diferentes objetos personales.
Este enclave también fue escenario de una leyenda narrada en el Códice Calixtino. Corría el año 1080, cuando una veintena de caballeros de Lorraine se dirigían a Compostela, prometiéndose protección mutua ante las adversidades del camino. Sin embargo, uno de los peregrinos cayó enfermo en los Pirineos y el grupo lo abandonó allí. Solo quedo uno de los caballeros con él, hasta que el doliente falleció. En ese momento, el Apóstol los transportó al Monte do Gozo y le pidió al superviviente que explicara a sus compañeros la inutilidad de su peregrinar.
En todo caso, apoyado por esta y otras muchas historias, este enclave se convirtió en el medievo en un lugar con fuerte carga simbólica. Tanto, que muchos peregrinos realizaban los últimos cinco kilómetros de recorrido descalzos.

Cómo llegar
En la carretera que va desde Santiago a Lavacolla, a 1,9 kilómetros de la rotonda hay un desvío a la derecha. Se recorren 110 metros y se gira nuevamente a la derecha. A unos 500 metros está la ermita.

42º 53,372'
-8º 29.668'

Estas leyendas forman parte de mi libro COMPOSTELA MÁGICA

El demonio tiene su propio lecho en Galicia:
87. Compostela, la sombra del peregrino

lunes, noviembre 06, 2017

101. A Gudiña, un “San Cristóbal” gallego en México

Junto a la iglesia de San Martiño, en A Gudiña, hay una pequeña plaza con una imagen del beato Sebastián de Aparicio, un vecino de la localidad que emigró a México en el lejano siglo XVI. Precisamente es un colectivo de empresarios de la ciudad azteca de Puebla el que donó la escultura, cuando en el año 2000 se realizó un hermanamiento entre ambos pueblos. Y es que Sebastián de Aparicio es venerado en el país americano como el patrono de los automóviles y transportes terrestres y en su nombre se bendicen coches, como aquí se realiza con San Cristóbal.
Sebastián de Aparicio nació en la localidad ourensana en el año 1502 y vivió casi un siglo, hasta que exhaló su último aliento el 25 de febrero de 1600.
Su relación con los caminos y los transportistas es que durante sus primeros años en México diseñó unas carretas inspiradas en las que utilizaba en su pueblo natal para que los indios no tuviesen que llevar cargas pesadas al hombro, como era costumbre. Así, con una ayuda de un carpintero construyó carros y obtuvo permiso para la construcción y la mejora de caminos por los que pudieran transitar sus vehículos.
Tras una vida económicamente holgada y haber enviudado dos veces, en 1575 se hizo fraile franciscano.

Cuerpo incorrupto

Foto flickr
Tras su fallecimiento, el cuerpo de Sebastián de Aparicio se mantiene incorrupto y se puede contemplar en la iglesia de San Francisco, protegido por una urna de cristal. Pero, siempre fue considerado un santo. De hecho, a su cuerpo le faltan algunas partes, porque en la antigüedad los devotos se llevaban algunas partes como reliquia.
En todo caso, es considerado como beato desde 1789, cuando el Vaticano atribuyó -por su intercesión- la curación de un niño que padecía cáncer. El proceso de beatificación contó con el testimonio de 568 personas y se le atribuyeron 968 milagros. En estos momentos hay un proceso abierto para canonizarlo, es decir, para declararlo santo.
Los domingos por la mañana se realiza en Puebla la bendición de automóviles en su nombre.

Curado por una loba

Como todos los santos (beato en este caso) Sebastián de Aparicio cuenta con algún episodio 'sobrenatural' en su historia. Así, cuentan que cuando aun vivía en Ourense padeció peste bubónica, por lo que fue obligado a vivir en una choza para no contagiar la enfermedad. En una ocasión fue mordido por una loba y, con la hemorragia, se curó de la enfermedad.

No es el único santo oriundo de A Gudiña. San Francisco Blanco (Tameirón, 1570) fue martirizado en Japón, por lo que posteriormente fue proclamado santo. Su cráneo se guarda como reliquia en Outarelo (Ourense) y se lleva en la procesión que se realiza cada 5 de enero.

Esta entrada es un resumen de uno de los capítulos de "50 lugares sagrados de Galicia"


42°03'38.9"N 7°08'25.4"W

42.060796, -7.140388