lunes, 6 de noviembre de 2017

101. A Gudiña, un “San Cristóbal” gallego en México

Junto a la iglesia de San Martiño, en A Gudiña, hay una pequeña plaza con una imagen del beato Sebastián de Aparicio, un vecino de la localidad que emigró a México en el lejano siglo XVI. Precisamente es un colectivo de empresarios de la ciudad azteca de Puebla el que donó la escultura, cuando en el año 2000 se realizó un hermanamiento entre ambos pueblos. Y es que Sebastián de Aparicio es venerado en el país americano como el patrono de los automóviles y transportes terrestres y en su nombre se bendicen coches, como aquí se realiza con San Cristóbal.
Sebastián de Aparicio nació en la localidad ourensana en el año 1502 y vivió casi un siglo, hasta que exhaló su último aliento el 25 de febrero de 1600.
Su relación con los caminos y los transportistas es que durante sus primeros años en México diseñó unas carretas inspiradas en las que utilizaba en su pueblo natal para que los indios no tuviesen que llevar cargas pesadas al hombro, como era costumbre. Así, con una ayuda de un carpintero construyó carros y obtuvo permiso para la construcción y la mejora de caminos por los que pudieran transitar sus vehículos.
Tras una vida económicamente holgada y haber enviudado dos veces, en 1575 se hizo fraile franciscano.

Cuerpo incorrupto

Foto flickr
Tras su fallecimiento, el cuerpo de Sebastián de Aparicio se mantiene incorrupto y se puede contemplar en la iglesia de San Francisco, protegido por una urna de cristal. Pero, siempre fue considerado un santo. De hecho, a su cuerpo le faltan algunas partes, porque en la antigüedad los devotos se llevaban algunas partes como reliquia.
En todo caso, es considerado como beato desde 1789, cuando el Vaticano atribuyó -por su intercesión- la curación de un niño que padecía cáncer. El proceso de beatificación contó con el testimonio de 568 personas y se le atribuyeron 968 milagros. En estos momentos hay un proceso abierto para canonizarlo, es decir, para declararlo santo.
Los domingos por la mañana se realiza en Puebla la bendición de automóviles en su nombre.

Curado por una loba

Como todos los santos (beato en este caso) Sebastián de Aparicio cuenta con algún episodio 'sobrenatural' en su historia. Así, cuentan que cuando aun vivía en Ourense padeció peste bubónica, por lo que fue obligado a vivir en una choza para no contagiar la enfermedad. En una ocasión fue mordido por una loba y, con la hemorragia, se curó de la enfermedad.

No es el único santo oriundo de A Gudiña. San Francisco Blanco (Tameirón, 1570) fue martirizado en Japón, por lo que posteriormente fue proclamado santo. Su cráneo se guarda como reliquia en Outarelo (Ourense) y se lleva en la procesión que se realiza cada 5 de enero.

42°03'38.9"N 7°08'25.4"W

42.060796, -7.140388


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