miércoles, 29 de octubre de 2014

89. Cospeito, la ciudad maldita cubierta por las aguas



No digo nada nuevo si afirmo que muchas leyendas se repiten en muchos lugares de nuestra geografía. Cambian los protagonistas o los detalles, pero hay relatos legendarios que se adaptan a cada lugar. Es el caso de las ciudades inundadas por las aguas tras un castigo divino. En Galicia hay unas cuantas, y hoy solo visitamos una como ejemplo, pero también en otros muchos puntos de la Península Ibérica, desde las Rías Baixas hasta los Pirineos, encontramos historias similares.
Bajo la laguna de Cospeito hay una ciudad arrasada por las aguas, con tres versiones diferentes. La más conocida es la que cuenta Leandro Carré Alvarellos en su clásico “Las leyendas tradicionales gallegas”, en la que cuenta que en este paraje existía la ciudad de Beria, a la que visitó nada menos que la Virgen. Preguntó por un templo a una buena mujer y esta le contó que los habitantes de la ciudad solo adoraban a figuras de piedra y de madera, entre las que citó a Baal (importante dios de varios pueblos como cananeos, filisteos y fenicios, entre otros). Ante esta situación, la Virgen maldijo la ciudad, ordenando que caiga del cielo tanta lluvia que anegue casas y huertas para que ningún cristiano se contagie de las prácticas de los poderosos de Beria.
Esta historia, mezcla de los castigos bíblicos de tiempos de Noé y de Sodoma y Gomorra, pretende aleccionar sobre la creencia en dioses distintos de los cristianos y es una constante en otras ciudades anegadas por castigo divino, como la que se encontraría debajo de las lagunas de Doniños, Carregal, Antela y un largo etcétera.
Carré Alvarellos cita que, cuando bajan las aguas, aun se pueden ver piedras y palos asomando entre las aguas de Lamas de Goá, en Cospeito. Pero hay otras historias en torno a esta laguna.
Otro relato también atribuye la laguna a la Virgen, aunque en esta ocasión tiene elementos más clásicos. Nadie atendió a la madre de Jesús en la ciudad de “Valverde”, excepto una familia que sacrificó a una ternera para darle de cenar. La Virgen ordenó tirar los huesos del animal en las cuadras. Al día siguiente les mandó ir a ver las vacas y terneros que habrían salido milagrosamente de los huesos, ante la incredulidad de los propietarios. “Tan cierto es que tenéis terneros y vacas, como que la villa de Valverde fue inundada por las aguas”, indicó.
Una tercera leyenda sitúa a la Sagrada Familia por estos parajes, cuando huían de la persecución de Herodes. Tan mal los trataron en la ciudad, que un zapatero provocó una herida al pequeño Jesús, de la que brotó tanta sangre que anegó la urbe.

sábado, 18 de octubre de 2014

88. O Bañiño de Arcos, las aguas que sanaron al can



Volvemos a visitar Carballiño, aunque esta vez nuestra parada está en la parroquia de Arcos. Concretamente nos detendremos en el lugar conocido como O Bañiño, donde se encuentra una fuente y un lavadero cercano al río Arenteiro.
Las aguas sulfurosas de este manantial son muy apreciadas por sus virtudes, especialmente para afecciones dermatológicas y hepáticas, y hay una leyenda que justifica su fama.
Según cuenta Miguel Mosquera en su libro “Galicia, leyendas desde el confín del mundo”, un cazador pontevedrés tenía un perro de al que apreciaba mucho. Cierto día, en un monte de Cotobade (Pontevedra), el can metió una pata en un cepo mientras perseguía una presa. Ante los aullidos del cánido, el cazador acudió al lugar y liberó al perro de la trampa. Estaba herido y lo llevó a hombros hasta su casa, con el fin de curarle la pata.
Los esfuerzos por devolverle la movilidad al perro fueron inútiles y el cazador, sin valor para sacrificarlo y aliviarle el sufrimiento, montó en su caballo y llevó al perro tan lejos como pudo. Llegó a O Bañiño, y allí dejó al can a su suerte.
Un año después, el hombre regresó al lugar con el fin de recoger los restos del animal y enterrarlo junto a un olivo que poseía. Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró al perro bebiendo de la fuente de O Bañiño. El can tenía la pata curada, por lo que el hombre lo recogió, lo llevó consigo a su casa y atribuyó a las aguas de este manantial la curación del animal, por lo que se encargó de divulgar las bondades de estas aguas.

Cómo llegar
Desde la parroquia de Arcos, en Carballiño, hay que dirigirse a Pol de Piteira. Poco después hay un desvío hacia el río que indica O Bañiño.
GPS: 42,4431 -8,07264