lunes, 1 de octubre de 2012

62. Cabo Fisterra, un lugar donde dejarse las botas



Botas dejadas en el Cabo Fisterra
Volvemos al ‘fin del mundo’. En el libro menciono hasta tres lugares (6, 10 y 34) situados en este municipio que fue, para buena parte del mundo antiguo europeo, el fin de la tierra, un lugar sagrado donde el sol se ocultaba más tarde que en ningún otro punto de la Europa continental.
En los últimos años se ha incrementado el número de peregrinos que, haciendo el Camino de Santiago, terminan su periplo no en la catedral compostelana, sino en el cabo de Fisterra, allí donde dicen que el romano Décimo Junio Bruto no quiso marcharse sin ver cómo Febo se ocultaba en el agua. 
Hace unos días estuve en Fisterra y pude comprobar que esa mayor afluencia de peregrinos es cierta. Allí había caminantes no solo de España, sino de países centroeuropeos e ingleses. Pero lo que más me llamó la atención fueron los ritos que se realizan en esta parte singular del Camino de Santiago y que no se veían con demasiada frecuencia hace algunos años. Es que en diferentes partes del cabo, entre las abundantes rocas, en una cruz que recuerda a una persona fallecida e incluso junto a una antena de radio, hay prendas de ropa –botas, zapatillas, abrigos…- y otros objetos dejados por los peregrinos.
ropa junto a la cruz y piedras en montículos
Esta actitud tiene un claro simbolismo. El culminar un camino iniciático, como lo es el de Santiago, renueva al peregrino y el dejar sus prendas viejas para ponerse unas nuevas, como si esta actitud fuese un renacimiento.
En la Edad Media, los peregrinos a Compostela dejaban sus ropas viejas en la plaza de Acibechería, siguiendo este simbolismo. Hoy en día, cada vez con mayor frecuencia, es costumbre cumplir con este rito en el Cabo Fisterra, en el verdadero final del Camino. Así es que se encuentran entre las rocas todo tipo de ropas y calzados, así como otros objetos personales, dejados como recuerdo. Pero hay más.

Las piedras del Camino

Ofrendas en un cruceiro junto a la playa Langosteira
En Fisterra, al igual que en muchos otros lugares del Camino, es habitual ver piedras traídas de otras latitudes y colocadas en tocas, cruceiros y otros lugares singulares. En las creencias cristianas relacionadas con el Camino de Santiago, las piedras representan una especie de penitencia, muchas veces transportada desde su punto de salida y que concede perdón a sus pecados proporcional al peso de la piedra. Depositar una piedra durante o al final del camino significa dejar algo pasado que el Camino va a transformar.
En términos más paganos, estos amontonamientos de piedras recuerdan a los altares ‘mercuriales’, dedicados al dios romano que protegía a los que viajaban. Asimismo, también recuerdan a los ‘milladoiros’ gallegos, amontonamientos de piedras en los que se invocaban a los dioses prerromanos.
Y no solo hay piedras. En los cruceiros que están en la localidad, en el itinerario a Compostela, hay todo tipo de objetos, incluso conchas de bivalvos.

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